lunes, 29 de septiembre de 2014

Pregunta


PREGUNTAS PARA HOMBRES Y MUJERES...¿COMO CREEN QUE HUBIESEN SIDO SI HUIERAN NACIDO EN EL SEXO OPUESTO?..POR FAVOR ESCRIBAN LO Q USTEDES SE IMAGINAN

FANTASIAS TG 238 Cambio de cuerpo... con mi compañera de curso.

METAMORFOSIS DE HOMBRE A MUJER CAPITULO 19



MI CITA CON FRANCO.

Franco se retrasó un poco en ir a recogerme al departamento situación que agradecí porque eso me dio tiempo para arreglarme y verme lo mas linda posible para la ocasión. Desde mi perspectiva de hombre sabía muy bien como maquillar y arreglar para hacer lucir hermosa a este cuerpo que ahora habitaba, era una tarea demasiado sencilla y simple. Si hasta cuando me levantaba de la cama por la mañana con el cabello desordenado y el rostro soñoliento al mirarme al espejo, aun así podía contemplar un bello rostro derramando esa sensualidad que nunca había dejado de admirar en las mujeres y que ahora felizmente podía ser yo quien transmitiera esa cuota de encanto de la cual me sentía realizado de poseer en mi persona.
Me puse un vestido un poco mas elegante, de color celeste que me llegaba mas arriba de la rodilla. Me miré en el espejo para revisarme como lucía mi redondo trasero en el espejo mientras acariciaba mis nalgas tocando y palpando mi ropa interior blanca, por sobre el traje que llevaba puesta en aquella ocasión. Los zapatos de taco alto hacían que mi cola resaltara mas aun, luciendo firme y vigorosa. No me puse medias de nylon siempre las había detestado y porque el calor del verano arremetía con fuerza aun cuando la noche ya comenzaba.
Cuando bajábamos por el ascensor una niña de unos 12 años me saludó preguntándome si era nueva en el edificio, se llamaba Paulina. Luego me dijo lo linda que lucía y que cuando fuera grande le gustaría ser como yo. Franco sonreía ante cada pregunta que me hacía la chiquilla. Cuando el se alejó hacia el mesón de entrada del edificio en que se encontraba Manuel el conserje, le pregunté a Paulina.
- Dime la verdad ¿Se me notan los calzones?
- Según mis hermanas mayores dicen que esa es la idea. Oye tu pololo es lindo.
- No, él no es mi pololo.
- Pero si es lindo. ¿verdad?
No supe que responder, pero creo que Paulina tenía razón Franco era el hombre que cualquier mujer desearía; alto atlético, bello, profesional, rico e inteligente. Una copia del hombre del cual se podría llamar perfecto. ¿Es que acaso los hombres así verdaderamente existían? Al parecer si, y yo me había topado de frente con uno de ellos.
La niña comentó.
-Tu y el harían linda pareja.
Me agache hacia ella para preguntarle casi al oido al ver que Franco se acercaba.
-¿Por que piensas que el y yo somos afines?
- No lo sé, solo lo veo así.
Franco interrumpió el dialogo.
- ¿Haber de que hablan estas lindas señoritas?
- Cosas de mujeres- Le respondí. ¿No es así amiga?
- Correcto- dijo la niña, como feliz de haberse ganado mi confianza.
Una vez más me sentía dando otro paso agigantado hacia la aceptación de que ya estaba asumiendo de un modo natural que era una mujer en toda mi dimensión. Sin lugar a dudas me sentía plenamente una mujer.
Me despedí de la niña más inquieto aun mientras Franco se acercaba para acompañarme hacia su automovil.
Llegamos a un restaurante bastante elegante ubicado en el barrio alto de la capital. El desplegó en todo momento sus actitudes de un auténtico caballero, cumpliendo su rol de protección hacia mí. Me llevó “tomada” de la cintura hacia la mesa reservada con anticipación, mientras un mozo que al parecer conocía muy bien nos indicaba el lugar de la reserva. Franco me acomodó la silla para que me sentara; luego el busco la suya para ubicarse frente a mi a tiempo que el mozo nos entregaba “la carta con el menú”. En un año trabajando como ejecutivo bancario había aprendido a conocer una variedad de “menúes” propios de los restaurantes elegantes a los que a partir de ahora comenzaría a frecuentar.
Degustamos la cena mientras platicábamos. Evitaba hablar sobre mi niñez y curiosamente el tampoco se refería a la suya. Me preguntó por mi novio y tuve que confesarle que mi relación con Jaime estaba bastante deteriorada sobre todo cuanto le comuniqué que me iría a la capital a asumir este importante cargo que me habían ofrecido y en el cual mi carrera se proyectaría en una forma meteórica la cual me permitiría realizarme profesionalmente.
El me escuchaba atentamente y no podía dejar de mirarle esos tremendos ojos verdes que me observaban con una ternura que yo en mi vida había sentido desde los ojos de un hombre. ¿ Pero que locuras me estaba imaginando? ¿Cómo podía yo estar pensando ese tipo de cosas? ¿Cómo podía estar difariando de ese modo por la mirada de un hombre? Lo cierto que el brillo de su pupilas me hacían sentir de algún modo cosas que yo sabía que se podían sentir y en esta piel de mujer era bastante extraña la forma de palparlas. El mozo volvió a interrumpirnos al ofrecernos el aperitivo. Tomé aquel sour de un dos por tres no sé si para calmar mi ansiedad y nervios o fue por la fuerza de costumbre sin pensar que ya no habitaba mi antiguo cuerpo varonil. El asunto es que aquel licor me anduvo mareando con bastante rapidez. Eso ya lo había experimentado sabía que esto me ocurría desde que estaba este maravilloso cuerpo de mujer. Por lo tanto debería ser mas precavido, no debía dar una mala imagen a aquel hombre que me estaba pavimentando el camino a mi carrera profesional.
Aún no comenzábamos a cenar cuando una mujer bastante atractiva se acercó a nuestra mesa y le habló con un tono bastante duro a Franco como demostrando que había un cierto grado de confianza entre ambos.
-Así que por esta “huevona” me dejaste desgraciado e infeliz- Le dijo en un tono bajo. Era una mujer distinguida por su manera de vestir, a pesar que su vocabulario hechara por tierra su apariencia pero como decimos aquí en chile por lo menos tenía “la cara de cuica”.
-Priscila, no quiero escandalos aquí por favor- Le dijo Franco poniendose de pie para enfrentarla.
Yo por mi parte permanecí sentado solo expectante a lo que sucedía y con unos nervios que me carcomían en ese instante de apremio al que me veía sujeto.
Ella me encaró a mí.
-Dime bonita, ¿De dónde saliste? Tienes una cara de trepadora que ni te la puedes,
-No la insultes. Ella es Ingeniera comercial y trabajará conmigo- Le contestó Franco tratando de defenderme.
-Franco Polic. Te desconozco. Desde cuando te estás fijando en chulas con cartón universitario.
Franco la tomó de un brazo y la sacó del lugar. La mujer miró hacia su alrededor y no opuso resistencia. En ese momento creo que mas de alguien se estaba dando cuenta de la situación y esto me puso más nervioso y de pura ansiedad sentí unas ganas enormes de ir a orinar.
Franco volvió enseguida y le indiqué que quería ir al sanitario. El me tranquilizó por la situación vivida y me indicó el camino hacia el wc. Aún así lo noté molesto por lo que había tenido que enfrentar.
Entré al servicio sanitario de damas era un lugar muy elegante y amplio distinto a los lugares de ese tipo a los que yo había asistido. Ingresé a una de las casetas sanitarias; me baje mis calzoncitos y me senté comodamente en el sanitario.
Dos tipas acababan de entrar. Sólo escuchaba sus voces detrás de la puerta .Una le dijo a la otra.
-¿Te diste cuenta del escandalo que quizo armarle Priscila a Franco?
.Si. Creo que ella no soporta la idea de que el la haya dejado.
-¿Y quien es la tipa que lo acompaña?
.No la conozco. Es muy bonita, pero se nota que no es de alcurnia.
-Creo que a Franco le incomodó la situación en que se vio envuelto.
-Una persona conocida como él es ovbio que no pasa deparcebido y a su familia no le gustan los escandalos.
.Con los que se ha visto envuelto su hermano es suficiente para ellos.
Franco no es de los que tienen fama de mujeriego. El es de bajo perfil era ovbio que la relación con Priscila no iba a resultar.
Ambas mujeres se retiraron del lugar, y no alcancé a escuchar lo que siguieron platicando a cerca de aquel hombre que comenzaba a interesarme .
Franco sin duda era el hombre ideal que cualquier mujer querría para que fuera su esposo, y eso era lo que le molestaba a su exnovia que seguramente pensaba que yo era la causa del término de aquella relación. Por lo que habían platicado aquellas dos mujeres los Polic eran bastante conocidos, quizas por su poder economico o por su inportante apellido en las altas esferas de la capital chilena. Desde aquella transformación que cambiaría mi cuerpo por el de esta bellisima mujer la cual se reflejaba en el espejo al mirarlo, tambien estaba cambiando mi vida en lo social y quizas tambien en lo sentimental.

CONTINUARA

METAMORFOSIS DE HOMBRE A MUJER CAPITULO 18


MI NUEVA VIDA EN LA CAPITAL



Me encontraba sentado de copiloto junto a Franco quien atentamente había ido a esperarme al aeropuerto y me preguntaba detalles sobre mi viaje mientras yo le explicaba que era mi primera vez que viajaba en avión. . Veía como miraba mis hermosas piernas que asomaban por debajo del vestido que llevaba puesto en aquella tarde calurosa de verano, clima muy común en la capital a principios de febrero.
Desde el momento de haber amanecido misteriosamente convertido en una bellísima mujer aquella mañana del 21 de diciembre, sin saber como ni porque mi forma de actuar también se fue adaptando a esta nueva anatomía y casi sin darme cuenta comenzaba a sentirme y a gustarme el poder ser una mujer de verdad. El sentir la ropa interior femenina en mi piel me producía una sensación de bienestar que me excitaba de una forma diferente al que cuando era físicamente hombre. Era una situación muy difícil de entender y mucho más de poder explicar; lo que me producía el estar en una piel de mujer.
Al principio me costaba el acostumbrarme a usar faldas y vestidos cosa que fue cambiando con el transcurrir de los días y no me cansaba de contemplarme en el espejo y admirar lo preciosa que me veía vestido así tan femenina. También me sorprendía como se me había hecho habitual la habilidad de maquillarme con una destreza que ni siquiera yo entendía. Me gustaba verme y sentirme linda lo que me brindaba una seguridad en mi mismo que lo complementaba con los conocimientos adquiridos en mis años de universidad.
Si bien estaba nervioso por lo de mi estreno en mi forma de viajar, creo que también lo era por la nueva vida que se me venía en forma tan apresurada y tan abrupta. Este viaje había sido muy apresurado. Apenas si, había tenido tiempo de despedirme de mis compañeros de la sucursal del banco y de mi familia, iniciando un nuevo desafío en un puesto de gerencia al alero de Franco Polic, el hijo del dueño de toda una cadena de las empresas más importantes de este país. Sólo eso sabía de él, pero se había entusiasmado tanto en mi trabajo según el, que me convenció de irme a trabajar a la principal sede de su institución bancaria instalada en Santiago de Chile la capital de mi país, con una oferta de sueldo y garantías personales que era imposible negarse ante tamaño ofrecimiento.
Franco durante el trayecto aprovechaba de explicarme los detalles de lo que sería mi nuevo puesto de trabajo dentro de la empresa y de la cual era precisamente él prácticamente el principal jerarca, ya que su padre tenía otros negocios que atender.
Ahí me contó que tenía un hermano mayor que también estaba a cargo de ciertos negocios y que el estaba al mando del banco desde principios de este año solamente y que su experiencia no era muy buena en este tipo de negocios.
-Pero contigo creo que voy a respaldarme muy bien además esta Ambrosio el si tiene mucha experiencia en esto. Ambrosio lleva muchos años en el negocio es el segundo abordo después de mí- Me explicaba mientras conducía.
Cuando llegamos aun sector residencial de casas y edificios muy elegantes me indicó que ya estábamos cerca del apartamento que la compañía me había rentado.
Cuando nos detuvimos luego de ingresar a un estacionamiento de vehículos se acercó un conserje del edificio saludando con mucho respeto a Franco y a mí.
-Estas son las llaves del apartamento de la señorita. Esta en el piso 11. déjenme ayudarles con parte del equipaje- dijo el señor de nombre Manuel Era un tipo bajito, gordo y muy agradable.
Entre ambos me ayudaron con el equipaje mientras yo sostenía mi notebook, mi bolso de viaje y mi cartera. Subimos por el ascensor mientras el señor me indicaba las cosas con que contaba el edificio.
-Tiene piscina en el ultimo piso en realidad esta en la azotea- me indicó- y además un gimnasio. Que también esta en el primer piso junto con la sala de lavado.
Al ingresar a la que sería mi nueva morada casi se me sale un suspiro de admiración. El departamento que me habían alquilado estaba muy bien decorado femeninamente hablando, seguramente habían contratado a una especialista en el tema. Franco me pregunto si me gustaba el lugar.
- Esta super lindo- Y lo estaba. Ahora que estaba en ese lugar mas bien todo me parecía un sueño un sueño del que ahora no quería despertar jamás
Este apartamento, era demasiado pomposo para lo que yo estaba acostumbrado a conocer hasta ese momento. Tenía un dormitorio y un baño y medio, y reflejaba en un concepto ideal para mujeres solteras, según me explicaba Franco, mientras abría las cortinas. Si yo fuera una “mina pitúca” (niñita bien), entonces el sitio sería ideal para mí. Pude apreciar los colores, las texturas y el estilo, así como artículos de los muebles y las líneas de diseño creaban una sensación mas que elegante, también daban a los espacios compactos una sensación de amplitud, logrado a través de un fuerte énfasis en la transparencia y apertura en el diseño de los elementos individuales. Una escalera de caracol en el medio de la vivienda creaba una audaz declaración de espacio, al tiempo que mostraba un hermoso juego de luces.
Franco me hizo un ademán con la mano hacia la escalera antes mencionada para que subiera. Lo hice mientras una sensación de nerviosismo hacía que me temblaran un poco las piernas cuando creía sentir clavada su mirada en mis muslos al sentir sus pasos que me seguían al ir pisando los escalones en busca del segundo piso.
Me di la vuelta para mirar a Don Manuel que permanecía de pie abajo, creo que con su mirada clavada hacia mis piernas que desde el sitio en que él estaba situado debería tener un angulo muy privilegiado voyerísticamente hablando. y levantaba su brazo para despedirse.
- Señorita Alejandra , estoy a su disposición para lo que necesite. En el citó esta mi número de conserje.
- Gracias Don Manuel.
La planta superior estaba ocupada por el dormitorio, baño y vestidor, dando forma a un moderno cuento de hadas. Yo no paraba de sorprenderme. Franco me tomó de la mano y me condujo hacia al recamara. Quede sorprendido. Frente a la cama, la habitación se abría hacia abajo en la zona de comedor a través de cuatro ventanas sincronizadas, con una cortina.
-Esto es para cuando la discreción sea necesaria – dijo Franco con una sonrisa maliciosa. Momento en el cual volví a sentir ese cosquilleo que había comenzado a conocer desde que me había convertido en hembra al estar cerca de un hombre que me llamara la atención.
En el otro lado de la habitación, una ventana oval encerrada dentro de un nicho de asientos tapizados Chesterfield, creaba un efecto de tocador sensible y ofreciendo un enlace visual para el baño. La materialidad de la habitación se caracterizaba por los tejidos blandos: Una pila de espesor, la alfombra de terciopelo, cuero blanco, tapizado, una extensión diáfana y sin embargo, opulenta de la cortina, y el papel pintado con motivos de flores en la pared detrás de la cama, se compensaban y complementaban con muebles de dormitorio blancos.
- Esto es de verdad maravilloso para mí- me atreví a decirle mientras no paraba de sorprenderme al contemplar el lugar en que viviría.
El cuarto de baño contiguo estába rodeado por el gres porcelánico ejecutado en franjas horizontales, lo que generaba una sensación muy táctil. Un armario de baño con espejo de madera de roble blanqueado se extendía a lo largo de la habitación. Con sus puertas de espejo y múltiples compartimentos iluminados, se respiraba una sensación de abundancia el que ofrecía un generoso espacio de almacenamiento.
Resumidamente era un departamento tan grande y muy bien equipado. Nunca en mi vida había visto algo así. Estaba acostumbrado a vivir en una casa de villa de clase media la cual aun mis padres no terminaban de pagar el crédito hipotecario adquirido a 25 años plazo en un banco de la competencia. Me ponía super feliz el pensar que ahora ese era mi nuevo hogar y como un niño pequeño subía y bajaba revisando todo el lugar. Franco lanzo una sonrisa y dio vuelta la cara cuando me vio caer en la cama levantando mis piernas y agitándolas dando unos gritos de felicidad. Supuse también que en esas jugarretas infantiles que no podía evitar por la satisfacción que sentía le había enseñado toda mi intimidad. Creo que se sintió incomodo y me dejó solo aludiendo algún compromiso lo único que dijo era que este sería mi nuevo departamento, antes de que se fuese, me invito a salir yo por la emoción y sin pensar acepte me dijo que me diera un baño y que en unas 3 horas regresaría.
CONTINUARA....

METAMORFOSIS DE HOMBRE A MUJER FOTO 1

METAMORFOSIS DE HOMBRE A MUJER Capitulo 17



Me gusta esto que me ha pasado.





Esa mañana llegué como de costumbre a la oficina, vistiendo ese traje de ejecutiva que me daba un aspecto de mujer seria y culta. Era de todos modos la imagen que me gustaba transmitir sobre todo en mi horario laboral. Había pasado ya casi un mes desde que había despertado aquella mañana convertida hasta ahora sin saber como ni porque convertida en una bellisima mujer; después de haber pasado 23 años de mi vida siendo un hombre.
Me había comenzado acostumbrar a ser y a comportarme como una “nenita”, ya poco y nada me costaba arreglarme y maquillarme gracias a la siempre incondicional ayuda de mi madre y de mi amiga Marcela. Ni siquiera ellas sabían de mi enigmático secreto. Sabía que era mejor guardar silencio con respecto a esta misteriosa transformación si les narraba lo que me había sucedido, pensarían que estaría “loca” de remate y quizás podría hasta terminar en un manicomio. Como casi nada de mi historial de vida en mis 23 años de existencia se había alterado excepto mi cambio de sexo y lo que ello conllevaba prácticamente todo seguía igual tal como se los narré en capítulos anteriores.
Me sentía super femenina y me agradaba sentirme así me daba una seguridad de la cual en mi anterior estado, siempre había carecido. Comenzaba a sentir que todo lo sucedido había sido después de todo una verdadera bendición divina y quedarme en este estado, parecía ser lo mejor para mí.
Rafael, mi amante, con el cual había estado engañando a mi novio Jaime; me había dejado de acosar en los últimos días, lo cual, me daba una cuota de mayor tranquilidad. No quería caer en el plano sucio de la traición, pensaba que si iba a tomar el papel de una mujer, lo mejor era comportarme como una respetable jovencita. Lo había evitado con mucho esfuerzo. No le contestaba sus llamadas ni los mensajes “hot” que me enviaba por “facebook” o por texto a mi celular. Si bien al principio había caído “rendida” a su brazos creo que lo había hecho por curiosidad para ir conociendo lo que se sentía estar en lugar de una mujer en aquellos momentos íntimos. Otro motivo también debe haber sido que aún no aprendía a controlar las hormonas femeninas que pululaban revolucionadas por este cuerpo en el cual yo ahora habitaba. Nunca supe controlarme ante la seducción de Rafael. El haber tenido sexo con él debo reconocer que había sido una experiencia demasiado excitante en mi nueva vida como mujer.
Jaime por su parte estaba también complicándome mi corta existencia femenina. El tener que cumplir el papel de su infiel novia era una tarea que se me complicaba bastante. Claramente no había forma tal de que yo estuviese “enamorada” de él. Aunque yo lo conocía desde toda mi vida, cuando ambos, éramos los amigos y compinches propios de la pubertad y adolescencia, en aquellos tiempos en los cuales yo aun habitaba en el cuerpo de un hombre. No sentía la comodidad suficiente como para encarar una vida de pareja junto a él aun siendo yo la mujer que era ahora. El tener que hacer el amor con él, era un asunto que también intentaba esquivar a duras penas. Si bien al momento de que me penetraba sexualmente para hacerme suya, me hacía gozar lo suficiente, más nunca me sentía cómodo en esa faceta de ser su mujer. En tanto que Rafael cada vez que me “culeaba” me hacía ver las estrellas con los orgasmos que me hacía conseguir ni siquiera como hombre yo había conseguido gozar tanto como lo hacía ahora envestido en esta piel de mujer.
En mi hogar las cosa eran más idénticas a la vida que llevaba anteriormente, ocupaba mi misma habitación ahora decorada mas femeninamente. Mi guardarropas, era similar pero mas repleto de ropa que tanto me gustaba como le lucían a las mujeres que yo veía deambular por las calles; solo que ahora era yo quien debía lucirlas y eso debo reconocer que me hacía sentir muy cómodamente en mi nuevo estado. El tener que ponerme ropa interior femenina me hacía sentir una excitación extraña y me encantaba mirarme al espejo y admirar lo linda que me lucían en esta figura que se me había regalado. El cocinar y tener que ayudarle a mamá en el lavado y aseo de la casa era un asunto que tampoco me incomodaba y comenzaba asimilarlo fácilmente. Aún seguía siendo el chofer del automovil de mi padre en su ausencia. En resumen en mi hogar la vida casi seguía siendo igual a como era antes de mi “metamorfosis de hombre a mujer”.
Por las noches no podía evitar jugar con mi cuerpo al sentir ese deseo caliente en mis genitales de mujer y sin darme casi cuenta sin querer comenzaba a meter mis dedos en mi humedecida conchita lo cual me producía un deleite de gocé mucho mayor al que sentía al frotar mi pene cuando habitaba en mi cuerpo de hombre. Me gustaba ser quien era ahora, ya no extrañaba nada de mi vida anterior. En estos momentos lo que estaba viviendo, era lejos lo mejor que me hubiese pasado desde que tenía uso y razón.
Jaime se había ido nuevamente a su trabajo lejos de la ciudad lo cual me daba un alivio ya que ello me ayudaba a llevar una vida mas relajada sin el apremio de tener que esquivar su aprensión y escenas de celos a los cuales me veía sujeto manteniendo esa relación de noviazgo, la cual no podía ni sabía como evitar con él.
En mi trabajo el puesto era similar al que tenía antes de todo lo sucedido, pero desde que había cambiado mi anatomía la diosa fortuna parecía sonreírme maravillosamente también en lo laboral. Acaba de ordenar mis cosas en mi escritorio aquel día lunes, como era habitual cada mañana cuando sonó el citófono de mi escritorio.
- Alejandra, por favor ven a mi oficina- Era mi jefe.
Me puse de pie inmediatamente a tiempo que le indicaba que iba en seguida temí que me pudiese reprender por haber llegado unos minutos tarde. El tener que maquillarme cada día me hacía comprender porque tardaban tanto las mujeres cada vez que se preparaban para salir. Ahora las entendía y esa era la razón por la cual en ocasiones yo también me retrasaba sin querer.
Entre a la oficina de mi jefe un tanto nervioso como siempre me solía suceder siempre cada vez que me citaba a primera hora y en privado a su despacho. Me hacía pensar siempre en el peor de los casos que algo malo en lo laboral me podría suceder. Pero mi jefe no estaba solo en aquel lugar al momento de ingresar a la sala. Sentado frente a su escritorio podía ver la figura de un hombre, Olí en el aire un perfume varonil que ya antes había sentido pero era diferente al habitual que se respiraba en esa oficina.
-Permiso- dije - Buenos días.
-Alejandra adelante, quiero presentarte a Franco Polic, el es el vicepresidente de esta firma bancaria.
Quedé sorprendido al ver que el tipo que estaba sentado y se ponía de pie para saludarme con una sonrisa muy relajada y afable era el mismo al que había conocido el día antes en la playa. Era un tipo bien parecido de alrededor de unos 30 años o algo más con el cual habíamos tenido un breve intercambio de palabras y que habíamos interrumpido cuando había aparecido Jaime quien casi jalándome del brazo me había alejado de su compañía.
-Señorita Alejandra, Nos volvemos a encontrar No sabe el gusto que me da que esto haya sucedido.- Me dijo Franco.- Veo que esta muy sorprendida.
Solo atiné a extender la mano para saludarlo y emitiendo un tímido saludo de palabra.
- Veo que ya se conocen- Dijo mi jefe.
- Si ayer tuvimos el gusto- dijo el, a tiempo que me acomodaba una silla para que me sentara.
Eso era lo otro que me encantaba de esta nueva vida; la atención que la mayoría de las personas tenían hacia mí ese trato tan gentil de los hombres me hacía sentir una cuota de sensualidad que sentía brotar del interior de mi ser. En muchas ocasiones quizás debido a la poca costumbre de sentirme así creo haber sentido humedecerse mi tanguita en situaciones como estas. Como lo que me había ocurrido unos días atrás en que conducía el automovil de mi padre y sin darme cuenta caí aun hoyo que había en un puente en mal estado por lo que la rueda trasera quedo en el aire y por mas que le aceleraba el carro para salir de aquel lugar la rueda giraba sin tocar el piso para dar el impulso necesario para salir. En cuestión de un minuto habían unos cuantos vehículos atrás que tocaban la bocina porque yo les obstruía el paso en esa dirección. Descendí del vehiculo nervioso e incomodo a raiz del problema en que me veía envuelto a sabiendas que me encontraría con las miradas acusadoras por mi poca pericia para conducir por parte de los curiosos del lugar. Tan pronto vieron mi estupenda figura femenina vestida con aquella minifalda vaquera que llevaba puesta. Se bajaron de sus vehículos para ayudarme tratándome con una amabilidad que me hacía sentir una verdadera diosa, liberándome de toda culpa por lo ocurrido.
-No se preocupe mi amor que la sacaremos en unos segundos.- Me decían.
Pensé en esos instantes que de haber sido el hombre que era, la situación hubiese sido totalmente distinta.
-Que te pasa Alejandra- Estas distraída ¿Qué te pasa hoy? –Me dijo mi jefe.
Fueron las palabras que me interrumpieron aquel recuerdo de hacía unos días atrás. Me senté acomodando mis piernas cruzadas mientras notaba la mirada hacia ellas disimuladas de parte de mi jefe y no tanto por parte de Franco que se acomodó en un sillón a mi lado.
- Franco, se lo dices tu o se lo digo yo- dijo mi jefe.
- ¿De que se trata? Me estan poniendo nerviosa.
- Alejandra - me dijo Franco girándose y mirándome a los ojos.- ¿ Estarías dispuesta a irte a la capital y trabajar en un car

Foto: METAMORFOSIS DE HOMBRE A MUJER
Capitulo 17
Me gusta esto que  me  ha pasado.
Esa mañana  llegué como de costumbre  a  la oficina, vistiendo ese traje  de ejecutiva que  me daba un aspecto de mujer seria y culta. Era de todos modos la  imagen que me gustaba transmitir sobre   todo en  mi horario laboral. Había pasado ya casi un mes desde que  había despertado aquella mañana  convertida hasta ahora sin saber como ni porque  convertida en una  bellisima mujer;  después de haber pasado 23 años  de  mi vida  siendo un hombre.
Me había comenzado  acostumbrar a  ser y a comportarme como una  “nenita”, ya poco y nada me  costaba arreglarme y maquillarme gracias  a  la siempre incondicional ayuda de mi madre y de  mi amiga Marcela. Ni siquiera ellas  sabían de  mi enigmático secreto. Sabía que  era  mejor guardar silencio con respecto a esta misteriosa transformación si les  narraba lo que  me había sucedido, pensarían que  estaría “loca”  de remate y quizás podría  hasta terminar en un manicomio.  Como casi nada de mi historial  de vida en mis  23 años  de existencia se había alterado excepto mi cambio de sexo y lo que  ello conllevaba prácticamente todo seguía igual tal como se  los  narré  en capítulos  anteriores.
Me sentía  super femenina y me  agradaba sentirme  así me daba una seguridad de la cual en mi anterior estado, siempre había carecido. Comenzaba a  sentir que  todo lo sucedido había sido después  de todo una verdadera  bendición divina y quedarme  en este estado, parecía ser lo mejor para mí.
Rafael, mi amante, con el cual había  estado engañando a mi novio Jaime; me había dejado de acosar en  los  últimos  días,  lo cual, me daba una cuota de mayor tranquilidad.  No quería caer en el plano sucio de la traición, pensaba que  si iba a tomar el papel de una mujer, lo mejor era  comportarme como una  respetable jovencita.  Lo había evitado con mucho esfuerzo. No le contestaba sus llamadas ni los  mensajes  “hot” que  me enviaba por “facebook” o por texto a mi celular. Si bien al principio había caído “rendida” a  su brazos creo que  lo había  hecho por curiosidad para ir conociendo lo que  se  sentía estar en lugar de una mujer en aquellos  momentos íntimos. Otro motivo también debe haber sido que  aún no aprendía  a  controlar las  hormonas  femeninas que  pululaban revolucionadas por este cuerpo en el cual yo ahora habitaba. Nunca supe controlarme ante la seducción de Rafael. El haber tenido sexo con él debo reconocer que  había  sido una experiencia demasiado excitante en mi nueva vida como mujer. 
Jaime por su parte estaba también complicándome  mi corta existencia femenina. El tener que cumplir el papel de su infiel novia era una tarea que  se  me complicaba bastante. Claramente no había forma tal de que  yo estuviese “enamorada” de él. Aunque yo lo conocía  desde toda mi vida, cuando ambos, éramos  los  amigos y compinches  propios de  la pubertad y adolescencia, en aquellos tiempos en los cuales yo aun habitaba en el cuerpo de un  hombre. No sentía la  comodidad suficiente como para encarar una vida de pareja junto a él aun siendo yo la mujer que  era ahora.  El tener que  hacer el amor con él, era un asunto que  también intentaba esquivar  a  duras penas. Si bien al momento de que  me penetraba sexualmente para hacerme suya, me hacía gozar  lo suficiente, más nunca me  sentía cómodo en esa faceta de  ser su mujer.  En tanto que Rafael cada vez  que me “culeaba” me hacía ver las estrellas con los orgasmos que me hacía conseguir ni siquiera como hombre yo había conseguido gozar tanto como lo hacía ahora envestido en esta piel de mujer.
En mi hogar las cosa eran más idénticas  a la  vida que  llevaba anteriormente, ocupaba mi misma habitación ahora decorada mas femeninamente. Mi guardarropas, era similar pero mas repleto de ropa que tanto me gustaba como le  lucían a las  mujeres que  yo veía deambular por las calles; solo que  ahora era  yo quien debía lucirlas  y eso debo reconocer que me  hacía sentir muy cómodamente en mi nuevo estado.  El tener que ponerme ropa interior femenina me hacía sentir una excitación extraña y me encantaba mirarme al espejo y admirar lo linda que  me lucían en esta figura que  se  me había regalado. El cocinar y tener que  ayudarle  a mamá en el lavado y aseo de la casa era un asunto que  tampoco me  incomodaba y comenzaba asimilarlo fácilmente. Aún seguía siendo el chofer del automovil de mi padre en su ausencia. En resumen en mi hogar la vida casi seguía siendo igual a como era antes de mi  “metamorfosis de hombre a  mujer”.
Por las noches  no podía evitar jugar con mi cuerpo al sentir ese deseo caliente en mis  genitales de mujer y sin darme casi cuenta sin querer comenzaba a meter mis  dedos en mi humedecida conchita lo cual me producía un deleite de gocé  mucho mayor al que  sentía al frotar mi pene cuando habitaba en mi cuerpo de hombre. Me gustaba ser quien era  ahora, ya  no extrañaba nada de mi vida anterior. En estos  momentos  lo que  estaba viviendo, era lejos lo mejor que me hubiese pasado desde que  tenía uso y razón.
Jaime se había ido nuevamente a su trabajo lejos de la ciudad lo cual me daba un alivio ya que  ello me  ayudaba a  llevar una vida mas relajada sin el apremio de tener que esquivar su aprensión y escenas  de  celos a  los cuales  me  veía  sujeto manteniendo esa  relación de  noviazgo, la cual no podía ni sabía como evitar con él.
 En mi trabajo el puesto era similar al que tenía antes de todo lo sucedido, pero desde que  había cambiado mi anatomía la diosa  fortuna parecía sonreírme maravillosamente también en lo laboral.  Acaba de ordenar mis  cosas en  mi escritorio  aquel día lunes, como era habitual cada mañana  cuando sonó el citófono de mi escritorio.
- Alejandra, por favor ven a  mi oficina- Era mi jefe.
Me puse de pie inmediatamente a tiempo que  le indicaba que iba en seguida temí que me pudiese reprender por  haber llegado unos minutos tarde. El tener que  maquillarme cada día me  hacía comprender porque tardaban tanto las mujeres cada vez  que  se preparaban  para salir.  Ahora las entendía y esa era la razón por  la cual en ocasiones yo también me retrasaba sin querer.
Entre a  la oficina de mi jefe un tanto nervioso como siempre me solía suceder siempre cada vez  que  me citaba  a  primera hora y en privado a su despacho. Me hacía pensar siempre en el peor de los  casos que  algo malo  en lo laboral me podría suceder. Pero mi jefe  no estaba solo en aquel lugar al momento de ingresar a  la sala. Sentado frente  a su escritorio podía ver la figura de un hombre, Olí en el aire un perfume varonil que ya antes había sentido pero era diferente al habitual que se  respiraba en  esa oficina. 
-Permiso- dije -  Buenos días.
-Alejandra adelante, quiero presentarte  a  Franco Polic, el es el vicepresidente de esta firma bancaria. 
Quedé sorprendido al ver que el tipo que estaba sentado y se ponía de pie para saludarme con una sonrisa muy relajada y afable era el mismo al que  había conocido el día antes en la playa. Era un tipo bien parecido de alrededor de unos  30 años o algo más con el cual habíamos tenido un breve intercambio de palabras  y que  habíamos interrumpido cuando había aparecido Jaime quien casi jalándome del brazo me  había alejado de su compañía.
-Señorita Alejandra, Nos volvemos  a encontrar No sabe el gusto que  me da que esto haya sucedido.- Me dijo Franco.- Veo que esta muy sorprendida.
Solo atiné  a extender la mano para saludarlo y emitiendo un tímido saludo de palabra.
- Veo que  ya se conocen- Dijo mi jefe.
- Si ayer tuvimos el gusto- dijo el, a tiempo que  me acomodaba una silla para que  me sentara.
Eso era lo otro que  me encantaba de esta nueva vida; la atención que  la mayoría de las personas  tenían hacia mí ese trato tan gentil de los hombres  me hacía sentir una  cuota de sensualidad que  sentía brotar del interior de  mi ser. En muchas  ocasiones quizás debido a  la poca costumbre de sentirme así creo haber sentido humedecerse mi tanguita en situaciones como estas. Como lo que me había ocurrido unos  días  atrás en que conducía el automovil de mi padre y  sin darme cuenta caí aun hoyo que  había en un puente en mal estado por lo que  la rueda trasera quedo en el aire y por mas que  le aceleraba el carro  para salir de aquel lugar la rueda giraba sin tocar el piso para dar el impulso necesario para salir. En cuestión de un minuto habían unos cuantos vehículos atrás que tocaban la bocina porque  yo les obstruía el paso en esa  dirección.  Descendí del vehiculo nervioso e incomodo a  raiz  del problema en que  me veía envuelto a  sabiendas que  me encontraría con las  miradas acusadoras por mi poca pericia para conducir por parte de los  curiosos del lugar.  Tan pronto vieron mi estupenda figura femenina vestida con aquella minifalda vaquera que llevaba puesta. Se bajaron de sus vehículos para ayudarme tratándome con una amabilidad que  me  hacía sentir una verdadera diosa, liberándome de toda culpa por lo ocurrido.
-No se preocupe  mi amor que  la sacaremos en unos segundos.- Me decían.
Pensé  en esos instantes  que  de haber sido el  hombre que era, la situación hubiese sido  totalmente distinta.
-Que  te pasa Alejandra- Estas distraída ¿Qué te pasa hoy? –Me dijo mi jefe.
Fueron las palabras que  me interrumpieron aquel recuerdo de hacía unos días  atrás. Me senté  acomodando mis piernas cruzadas mientras notaba la mirada hacia ellas disimuladas de parte de mi jefe y no tanto por parte de Franco que se acomodó en un sillón a mi lado.
- Franco, se lo dices tu o se lo digo yo- dijo mi jefe.
- ¿De que se trata?  Me  estan poniendo nerviosa.
- Alejandra - me dijo Franco girándose y mirándome  a los ojos.- ¿ Estarías  dispuesta  a irte a  la capital y trabajar en un car